
Sobre Historias marginales de Mario R. CancelUn libro puede engendrar múltiples lecturas, de acuerdo al imaginario que uno trae en cada momento que se acerca a él. En el texto de ensayos que hoy presentamos titulado Historias marginales: otros rostros de Jano de Mario R. Cancel reviví a través de su lectura varios momentos fantásticos de la cátedra que el profesor Cancel impartió en este Departamento de Humanidades hace varios años atrás. En aquella época los temas discutidos en el libro eran una cosa, hoy después de haber leído el texto con otra mentalidad mi supuesto sobre la obra es otra.
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El libro se compone de ocho ensayos que visitan y reflexionan el imaginario de la modernidad y la nacionalidad puertorriqueña entre 1880 y 1910. El título general del texto fue bien pensado porque hace alusión a la capacidad del autor de plantear las voces alternativas de la historia mirando e interpretando críticamente el pasado sin nunca dejar de observar el futuro con cautela.
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En el primer ensayo titulado: “Historiografía puertorriqueña hoy: una meditación y una crítica”, Cancel atina bien lo anterior en un trabajo sobre historiografía puertorriqueña donde reafirma lo importante de examinar y reinterpretar las relaciones entre las teorías y la historia e insiste en investigar, analizar y narrar historia crítica; porque a fin de cuentas esta disciplina se compone de investigar y nutre a la historiografía porque esa interpretación será objeto de otra interpretación. Mario invita a pensar y criticar el pasado, los documentos y al propio historiador, debido a que alrededor de los tres giran las dudas históricas. Creo, a igual que el historiador puertorriqueño Francisco Moscoso, que la historia que complace tiende trampas y hay que aprender a desconfiar de la explicación demasiado simétrica, demasiado estética. Y creo también que hay que cuestionar el planteamiento de la dificultad por la dificultad.
En este ensayo sobre la historiografía puertorriqueña se incita a los novísimos historiadores a examinar los temas de la historia y a no esconderlo ante la mirada del otro porque un tema se puede ver desde diferentes enfoques y metodologías. Invita también a examinar el pasado de modo contingente y causal y a cuestionar el documento porque como él mismo señala, hay que “reconocer que no hay archivo inocente lo que implica aceptar que tampoco hay fuente pura” (p.50). Concuerdo con el autor cuando concluye que los novísimos historiadores deben evitar la confianza excesiva en sus propias conclusiones y más aún de hacer del curso de historiografía puertorriqueña uno obligado en los currículos de historia. Es decir siempre por ahí debe estar la crítica histórica.
En los otros ensayos nos muestra un continente sin explorar de posibilidades historiográficas. Lo que al autor le interesa documentar es ciertas apreciaciones sobre la construcción de la nacionalidad y sobre las transiciones a la modernidad puertorriqueña con las que se ha intentado formar el imaginario puertorriqueño. Enfatiza en sus ensayos el punto culminante en la historia puertorriqueña del año 1898 donde se da una ruptura entre un pasado y un supuesto futuro de progreso. A través de la reiteración de sus advertencias, Mario ha logrado lo que pocos han conseguido, o sea detener, sin acceso al freno, una motora que él no conducía. Es más bien el historiador que recupera para nosotros, a través de su detallado análisis las repetidas reconvenciones a un proyecto de modernización.
Prof. Carlos Mendoza-Acevedo (UPR de Aguadilla)
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