
0. Una aclaración (in) necesaria
Fragmento del prólogo al nuevo libro Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos, Editorial Pasadizo, 2007
Las razones para organizar este volumen sobre una muestra de las narrativas del 1980 al presente son varias. El sistema universitario no ha auspiciado la discusión de la literatura reciente por toda una diversidad de consideraciones. Los esfuerzos han sido pocos y un tanto desorganizados a pesar del hecho de que muchos de los autores aquí comentados son profesores universitarios. En realidad los departamentos universitarios no tienen por qué hacerlo. Ese no es el único foro de discusión válido ni disponible en el presente. Comentar la situación no debe ser interpretado como el reclamo en torno a un deber incumplido. Ese no es mi lenguaje.
Mi intención no ha sido hacer un panorama exhaustivo del discurso narrativo actual. La ausencia de ciertas figuras no debe ser interpretada como una exclusión autoritaria. La cuestión de la exclusión autoritaria es válida cuando se trata de una historia de la literatura o un panorama enciclopédico de la materia.
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Es cierto que, de manera premeditada, no he comentado con detenimiento ciertos autores. En ocasiones se trata de escritores que, aunque publicaron durante el periodo comprendido, no se pueden asociar con las nuevas promociones en el sentido en que yo las he definido. También estoy conciente de que las personalidades más discutidas en los medios académicos o en los medios masivos de comunicación no son el tema central de este texto. El tratamiento que se ha hecho de ellos ha tenido la intención de establecer un balance entre excelentes escrituras poco comentadas y excelentes escrituras comentadas hasta el exceso.
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Mi intención es que se perciba este esfuerzo como una exposición de mi reflexión y lectura sobre un conjunto de autores con los que he estado en contacto durante 26 años. La selección de títulos no se ha hecho con el fin de establecer una jerarquía de lecturas que hable de la literatura actual en vista de su calidad global. La mirada ha sido por lo regular perspectiva u oblicua. También está marcada por otra limitación. Se trata libros que se encuentran en mi biblioteca a los que hice lecturas personales con la finalidad de disfrutarlos como un consumidor de narrativa. Sólo durante los últimos cinco años he mirado hacia ellos para fines académicos o como material primario para talleres de narrativa. No creo que deba aclarar que la lectura de entretenimiento y la de entrenamiento recogen aspectos distintos de una textualidad.
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Al cabo, la intención principal de este trabajo es estimular la discusión sobre el discurso narrativo puertorriqueño de inicios del siglo 21 desde afuera de la academia. Soy un lector-escritor como todos los aquí citados. Un lector-escritor es un animal profesional extraño y de gana. Las cosas le gustan o no le gustan por una diversidad de consideraciones patéticas. En lo personal una parte de las obras que he leído y citado no me gustaron. Otras me resultaron fascinantes.
De vez en cuando mi satisfacción coincidía con la página literaria del periódico dominical. Otras no era así. Al cabo de los años me he dado cuenta de que muchas cosas que no me gustaron decían mucho sobre la relación del ser humano y el mundo (espero que se me perdone la debilidad moderna que recuerda al intelectual cívico). A esas esferas de comunicación me dirijo cuando leo un texto para escribir otro texto.
El tipo de lectura que le he dado a las obras citadas no se dirige hacia la esfera del estilo, de la estructura de la escritura o las técnicas de las obras literarias y su manejo como fenómenos aislados. Esos artefactos me parecen elementos de veneración pedestre como la que se aplica a los llamados clásicos que, aunque dejen de decir ciertas cosas, mucha gente insiste en leer del mismo modo. La intención no es hacer un juicio valorativo sobre las obras como producto estético. El problema de ese tipo de acercamientos maniaco-verbales es que olvida que las lecturas, los lectores y el habitáculo desde el cual se lee cambian. Me parece que esa actitud democratiza el proceso de escritura-lectura y abona al propósito de demoler las jerarquías entre grandes maestros, seguidores y aprendices. En síntesis me ubico en la situación del lector-escritor que monologa ante el fuego y, de vez en cuando, consulta su amplia biblioteca. Se trata de una lectura conceptual en busca de la diversidad de reflexiones ideológicos presentes en su discursividad. En ese sentido este no es un libro de crítica sino una reflexión de lectura. Espero que no se le confunda.
Fuente: Narrativa Puertorriqueña
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