domingo 5 de agosto de 2007

Intento dibujar una sonrisa: notas de Liliana Aleman


Con la memoria todo es posible

Liliana Aleman
Narradora y poeta argentina

“Vengo de los pasillos, vengo de mí, vengo de mi pasado, vengo...Vengo desnudo a buscar las palabras...”

Para los protagonistas de cada una de las historias de Intento dibujar una sonrisa, la memoria es un juego ficcional, una adulteración posible, y por qué no, un mandato, tal como le sucede a Esteban Moreno, el escritor, leiv motiv del relato “El libro” que escribe para cumplir con una antigua promesa familiar.

La otra cara de la moneda es el olvido. El olvido de “La bala”, encontrada por casualidad en la residencia de un abuelo coleccionista y algo fetiche a la hora de protegerse de la mala suerte. O “El olvido”, relato donde el yo del protagonista se desdobla y desconoce: “aquel rostro no se parecía a la voz que me estaba narrando...” Sí, son esas diversas formas de la no-memoria, capaz de transformar (cuando de pronto se recuerda) lo cotidiano en algo excepcional y milagroso.

Entonces surge el amor, el del amante que también transforma a su amada en un zorzal de patas grises, un maniquí pelirrojo parecido a Marie, el recuerdo de un tal Gregorio convertido en insecto, una apsara escudriñando la biblioteca personal, de algún modo todo se entrelaza en una aventura sensible. Hay relatos sobre mujeres queridas, un gato persa, los sueños de poetas y brujos, y el amuleto con la imagen de un niño triste que también se transforma luego de develar el significado de cierta palabra escrita.

Acaso, como nos dice Mario R. Cancel, en el último relato ("Intento dibujar una sonrisa"), escribir sobre “la ausencia del otro es enfrentarse a una causa perdida”. ¿Al olvido? ¿A la indiferencia de esa mujer que se ha ido antes del fin de la historia? Sin ninguna duda, de eso se trata. Pero fundamentalmente, lo que está en juego en este libro es la magia de la escritura como testigo primordial.