
Mirándome al espejo…
Mario R. Cancel
Escritor
Una de las cosas que aprendí primero fue que la lectura y la escritura eran hermanas germanas. Eso no fue todo. Se trataba de dos perversas siamesas que me acechaban mientras tocaban un organillo, como las que ayudaban a robar los sueños de los niños en un filme de Jeunet y Caro. Estaban pegadas por un nódulo que salía de sus cabezas. Yo tendría 14 años.
Mario R. Cancel
Escritor
Una de las cosas que aprendí primero fue que la lectura y la escritura eran hermanas germanas. Eso no fue todo. Se trataba de dos perversas siamesas que me acechaban mientras tocaban un organillo, como las que ayudaban a robar los sueños de los niños en un filme de Jeunet y Caro. Estaban pegadas por un nódulo que salía de sus cabezas. Yo tendría 14 años.
Estaba leyendo un libro de Neruda mucho antes de que el poeta comprara la Isla Negra. Mi madre me lo regaló después de un largo viaje a una librería en la ciudad. Semanas antes había chocado con Ortega y me encontraba en una disyuntiva. Pero ser masa o superhombre no era una preocupación pertinente para la edad.
Por entonces se suponía que corriera bicicleta y estuviese a la vela de las piernas flacas de una vecina o de una escolar. Pero las niñas preferían al Ganster, que estudiaba conmigo. Resultaba menos aburrido que yo. Por esos días emergieron las hermanas y, entre las dos me robaron los sueños. Mirándome al espejo descubrí que no era más que un nerd y la situación me gustó.***
Las dos chicas inicuas me poseyeron cada vez que quisieron. Desde entonces las sentía moviéndose por mi cuerpo. En ciertos momentos el placer era inmenso. Se agarraban de las falanges, se introducían debajo de las uñas o tomaban por asalto las yemas de los dedos. El lápiz o la tecla eran sus víctimas. Me nublaban el iris para que viese mal la realidad o pinchaban con sus largas garras mis ondas cerebrales y me arrancaban del cosmos.

La imagen deformada del mundo me agradó. Verlo tal cual decían que era resultaba aburrido. Era como vivir con un apuntador en un gran teatro donde todos los parlamentos estaban preescritos sin que nadie te dijera porqué. Mis dos ciegos apéndices no convenían con aquella perspectiva. Me agradó la irresolución y las pocas garantías de todo aquello. Mirándome al espejo descubrí que me habían convertido en algo así como un anarquista y la situación me gustó.
Las dos chicas inicuas me poseyeron cada vez que quisieron. Desde entonces las sentía moviéndose por mi cuerpo. En ciertos momentos el placer era inmenso. Se agarraban de las falanges, se introducían debajo de las uñas o tomaban por asalto las yemas de los dedos. El lápiz o la tecla eran sus víctimas. Me nublaban el iris para que viese mal la realidad o pinchaban con sus largas garras mis ondas cerebrales y me arrancaban del cosmos.

La imagen deformada del mundo me agradó. Verlo tal cual decían que era resultaba aburrido. Era como vivir con un apuntador en un gran teatro donde todos los parlamentos estaban preescritos sin que nadie te dijera porqué. Mis dos ciegos apéndices no convenían con aquella perspectiva. Me agradó la irresolución y las pocas garantías de todo aquello. Mirándome al espejo descubrí que me habían convertido en algo así como un anarquista y la situación me gustó.
***
Tengo 47 años y las dos infames mancebas siguen allí. No quiero que se vayan. Nunca lo quise. Me agrada como se manosean y me manosean. Me gusta como bisbisean cosas impúdicas cuando me siento ante el teclado o juego con los gatos. Nietzsche, el joven, retoza alevoso sobre un libro y Tao, el viejo, ya me ha enseñado a contemplar y meditar el mundo. También supe de la violencia y guardo mucha de ella en el archivo de la memoria por si acaso hace falta.
Dos hermanas germanas: lectura y escritura. Un gato que juega y otro que medita. Mirándome al espejo descubrí que me había convertido en un escritor y no me desagrada. Con ese pequeño ejército confronto cada cosa. Las dos lascivas chicas me lo han hecho saber.El escritor es un intérprete, un esquivo ser que teoriza. Ante el fin de los
sueños, inventa una frágil estructura en la que habita. Esa fragilidad es todo lo que posee. Las siamesas me lo han dicho mientras ríen de manera libidinosa porque saben que no tengo remedio. Mis dos gatos duermen. Nunca aprendí a correr bicicleta.
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