Hacia un debate necesarioEl ensayo inicial, “Historiografía puertorriqueña hoy: una meditación y una crítica,” ofrece a los/as lectores/as un panorama de los cambios de paradigma en el horizonte historiográfico desde mediados del siglo XX, pasando por la microhistoria de los llamados Nuevos Historiadores, hasta desembocar en el desafío de los Novísimos Historiadores (postmodernos y los postestructurales). Cancel hace un llamado a romper con el monotematismo y la monometodología que imperó hasta entrada la década de 1990. El énfasis particular de los llamados Nuevos Historiadores, que comenzaron a publicar entre finales de los años 60 y principios de la década del 70, está centrado en los procesos socioeconómicos y la cuestión de clase. Frente a esta unidireccionalidad de la escritura de la Nueva Historiografía (Quintero Rivera, Picó, etc.) sometida a los rigores de las Ciencias Sociales, Cancel propone la demolición de las jerarquías culturales que había comenzado a insinuarse a partir de la publicación de la revista Op. Cit. De aquí que se torne necesario historiar en nuevos territorios que antes eran considerados como baladíes por la historiografía anterior o meramente marginados.
Asimismo, en ese primer ensayo, el autor expone lo que a mi juicio podrían constituir las cinco reglas de la Novísima Historiografía. Éstas son:
1. Superación del esencialismo nacionalista.
2. Reconocimiento de la fragilidad de los sistemas afianzados en la saturación de información y el exceso interpretativo.
3. Conocimiento de las prácticas que deben superarse.
4. Interdisciplinariedad.
5. Revisión del ámbito teórico y el ámbito metodológico.
Con respecto a la primera regla, hay que destacar que la superación del esencialismo identitario busca rebasar las concepciones desgastadas de la identidad puertorriqueña, ancladas en un representacionalismo que deja de reconocer el rol de la diferencia. Partiendo de lo que expone Cancel en ese punto, esa superación del esencialismo nacionalista daría cuenta de la faz cambiante de la cultura puertorriqueña, por medio de la incorporación de las nuevas identidades sociales. El problema que se presenta en la segunda regla es pedagógico y se encamina a rechazar la Historia como un conjunto de eventos, donde se destacan unos más que otros. El problema con esta concepción, siguiendo a Cancel, es el proceso histórico pueda verse como una hipóstasis y no como un devenir dinámico. El autor también encamina sus cañones en contra del exceso de ciertas interpretaciones que a la larga pueden llevarnos a decontextualizar y desperformatizar el continuum de la historia.
En lo tocante a la tercera regla, es imperioso señalar que la tradición historiográfica puertorriqueña es muy rica, pero que a su vez no está exenta de cuestionamientos. Por ello se torna imperioso conocer las prácticas historiográficas instituidas, de manera que se pueda pensar en prácticas alternativas. La cuarta regla reconoce el aporte significativo de otras disciplinas dentro de la disciplina historiográfica. E incluso se conoce el aporte de especialistas en antropología, literatura, psicología cognitiva, religión y ciencias naturales, por mencionar algunas, en el propio estudio del acontecer histórico. Por último, la quinta regla reconoce que los objetos y temas de investigación son ilimitados. Lo televisual, por ejemplo, presenta una oportunidad magnífica para entender los avatares de la identidad puertorriqueña, puesto que los medios comunican a la gente representaciones, ideas, discursos y prácticas desde donde llegan a concebirse las alteridades. Siguiendo esta regla, es menester rescatar los procesos, figuras y discursos silenciados del panorama histórico puertorriqueño. Pienso, por ejemplo, en los intelectuales afroboricuas (e.g., Eleuterio Derkes, Tomás Carrión Maduro, Isabelo Zenón); la historia de la sexualidad en el país (y de los imaginarios sexuales); la biología y la ecología como parte integral de los procesos sociales y culturales; la historia del libro y de la lectura como forjadores de la ciudad letrada puertorriqueña y de la diseminación del canon literario, etc.
Pro. Alberto Martínez-Márquez (UPR de Aguadilla)
Asimismo, en ese primer ensayo, el autor expone lo que a mi juicio podrían constituir las cinco reglas de la Novísima Historiografía. Éstas son:
1. Superación del esencialismo nacionalista.

2. Reconocimiento de la fragilidad de los sistemas afianzados en la saturación de información y el exceso interpretativo.
3. Conocimiento de las prácticas que deben superarse.
4. Interdisciplinariedad.
5. Revisión del ámbito teórico y el ámbito metodológico.
Con respecto a la primera regla, hay que destacar que la superación del esencialismo identitario busca rebasar las concepciones desgastadas de la identidad puertorriqueña, ancladas en un representacionalismo que deja de reconocer el rol de la diferencia. Partiendo de lo que expone Cancel en ese punto, esa superación del esencialismo nacionalista daría cuenta de la faz cambiante de la cultura puertorriqueña, por medio de la incorporación de las nuevas identidades sociales. El problema que se presenta en la segunda regla es pedagógico y se encamina a rechazar la Historia como un conjunto de eventos, donde se destacan unos más que otros. El problema con esta concepción, siguiendo a Cancel, es el proceso histórico pueda verse como una hipóstasis y no como un devenir dinámico. El autor también encamina sus cañones en contra del exceso de ciertas interpretaciones que a la larga pueden llevarnos a decontextualizar y desperformatizar el continuum de la historia.
En lo tocante a la tercera regla, es imperioso señalar que la tradición historiográfica puertorriqueña es muy rica, pero que a su vez no está exenta de cuestionamientos. Por ello se torna imperioso conocer las prácticas historiográficas instituidas, de manera que se pueda pensar en prácticas alternativas. La cuarta regla reconoce el aporte significativo de otras disciplinas dentro de la disciplina historiográfica. E incluso se conoce el aporte de especialistas en antropología, literatura, psicología cognitiva, religión y ciencias naturales, por mencionar algunas, en el propio estudio del acontecer histórico. Por último, la quinta regla reconoce que los objetos y temas de investigación son ilimitados. Lo televisual, por ejemplo, presenta una oportunidad magnífica para entender los avatares de la identidad puertorriqueña, puesto que los medios comunican a la gente representaciones, ideas, discursos y prácticas desde donde llegan a concebirse las alteridades. Siguiendo esta regla, es menester rescatar los procesos, figuras y discursos silenciados del panorama histórico puertorriqueño. Pienso, por ejemplo, en los intelectuales afroboricuas (e.g., Eleuterio Derkes, Tomás Carrión Maduro, Isabelo Zenón); la historia de la sexualidad en el país (y de los imaginarios sexuales); la biología y la ecología como parte integral de los procesos sociales y culturales; la historia del libro y de la lectura como forjadores de la ciudad letrada puertorriqueña y de la diseminación del canon literario, etc.
Pro. Alberto Martínez-Márquez (UPR de Aguadilla)



