jueves 19 de abril de 2007

Historias marginales: otros rostros de Jano (CePA, 2007)

Hacia un debate necesario


El ensayo inicial, “Historiografía puertorriqueña hoy: una meditación y una crítica,” ofrece a los/as lectores/as un panorama de los cambios de paradigma en el horizonte historiográfico desde mediados del siglo XX, pasando por la microhistoria de los llamados Nuevos Historiadores, hasta desembocar en el desafío de los Novísimos Historiadores (postmodernos y los postestructurales). Cancel hace un llamado a romper con el monotematismo y la monometodología que imperó hasta entrada la década de 1990. El énfasis particular de los llamados Nuevos Historiadores, que comenzaron a publicar entre finales de los años 60 y principios de la década del 70, está centrado en los procesos socioeconómicos y la cuestión de clase. Frente a esta unidireccionalidad de la escritura de la Nueva Historiografía (Quintero Rivera, Picó, etc.) sometida a los rigores de las Ciencias Sociales, Cancel propone la demolición de las jerarquías culturales que había comenzado a insinuarse a partir de la publicación de la revista Op. Cit. De aquí que se torne necesario historiar en nuevos territorios que antes eran considerados como baladíes por la historiografía anterior o meramente marginados.

Asimismo, en ese primer ensayo, el autor expone lo que a mi juicio podrían constituir las cinco reglas de la Novísima Historiografía. Éstas son:

1. Superación del esencialismo nacionalista.
2. Reconocimiento de la fragilidad de los sistemas afianzados en la saturación de información y el exceso interpretativo.
3. Conocimiento de las prácticas que deben superarse.
4. Interdisciplinariedad.
5. Revisión del ámbito teórico y el ámbito metodológico.

Con respecto a la primera regla, hay que destacar que la superación del esencialismo identitario busca rebasar las concepciones desgastadas de la identidad puertorriqueña, ancladas en un representacionalismo que deja de reconocer el rol de la diferencia. Partiendo de lo que expone Cancel en ese punto, esa superación del esencialismo nacionalista daría cuenta de la faz cambiante de la cultura puertorriqueña, por medio de la incorporación de las nuevas identidades sociales. El problema que se presenta en la segunda regla es pedagógico y se encamina a rechazar la Historia como un conjunto de eventos, donde se destacan unos más que otros. El problema con esta concepción, siguiendo a Cancel, es el proceso histórico pueda verse como una hipóstasis y no como un devenir dinámico. El autor también encamina sus cañones en contra del exceso de ciertas interpretaciones que a la larga pueden llevarnos a decontextualizar y desperformatizar el continuum de la historia.

En lo tocante a la tercera regla, es imperioso señalar que la tradición historiográfica puertorriqueña es muy rica, pero que a su vez no está exenta de cuestionamientos. Por ello se torna imperioso conocer las prácticas historiográficas instituidas, de manera que se pueda pensar en prácticas alternativas. La cuarta regla reconoce el aporte significativo de otras disciplinas dentro de la disciplina historiográfica. E incluso se conoce el aporte de especialistas en antropología, literatura, psicología cognitiva, religión y ciencias naturales, por mencionar algunas, en el propio estudio del acontecer histórico. Por último, la quinta regla reconoce que los objetos y temas de investigación son ilimitados. Lo televisual, por ejemplo, presenta una oportunidad magnífica para entender los avatares de la identidad puertorriqueña, puesto que los medios comunican a la gente representaciones, ideas, discursos y prácticas desde donde llegan a concebirse las alteridades. Siguiendo esta regla, es menester rescatar los procesos, figuras y discursos silenciados del panorama histórico puertorriqueño. Pienso, por ejemplo, en los intelectuales afroboricuas (e.g., Eleuterio Derkes, Tomás Carrión Maduro, Isabelo Zenón); la historia de la sexualidad en el país (y de los imaginarios sexuales); la biología y la ecología como parte integral de los procesos sociales y culturales; la historia del libro y de la lectura como forjadores de la ciudad letrada puertorriqueña y de la diseminación del canon literario, etc.

Pro. Alberto Martínez-Márquez (UPR de Aguadilla)

domingo 15 de abril de 2007

Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos (Pasadizo, 2007)

Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos (Pasadizo, 2007):nuevo libro de ensayos


Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos es un comentario de lectura en torno a las continuidades y discontinuidades entre la escritura del 1970 y la de los últimos decenios.

La sección "1980 etcétera: textos y pretextos" es un panorama histórico y teórico sobre la literatura en la era de la globalización. "(Post) narrativa y escritura: un esquivo monólogo" echa una ojeada en torno a un conjunto de narradores recientes empeñados en elaborar un discurso alternativo al de la rica tradición del 1970. "Archivo de sordos" recoge una serie deconferencias y artículos polémicos sobre el tema de la identidad y la literatura. Completa el volumen una colección de documentos sueltos, inéditos en su mayoría, que vuelven sobre el asunto de la escritura hoy.

Literatura y narrativa: la escritura entre siglos propone una discusión que ya resultaba inaplazable.

Los ensayos contenidos en este volumen constituyen un panorama sobre la literatura puertorriqueña en el cambio de siglo y hacen una propuesta en torno a los giros que la distinguen de la escritura del 1970.

Los nuevos espacios juveniles tanto impresos como virtuales, el carácter invasivo radical de una diversidad de estéticas, la distintiva discursividad que caracteriza la escritura reciente con un comentario sobre la demolición de los valores más emblemáticos de la tradición de la segunda posguerra tales como la identidad y la nacionalidad, y la renuncia al realismo social tal y como se entendió desde el siglo 19 son parte de su propuesta en nombre del irrealismo, el extrañamiento y las ficciones.

Incluye comentarios críticos sobre la producción de Luis López Nieves, Edgardo Rodríguez Juliá, Manuel Ramos Otero y Manuel Abreu Adorno, los narradores más si9gnificativos en la transición de los años 1980.

Literatura y narrativa: la escritura entre siglos
es un ejercicio de lectura y reflexión sobre la obra de los narradores más emblemáticos del presente incluyendo, entre otros, a Mayra Santos Febres, Marta Aponte Alsina, José Liboy Erba, Elidio La Torre Lagares, Eduardo Lalo, Rafael Acevedo, Zoé Jiménez Corretjer, Pedro Cabiya, Juan López Bauza, Daniel Torres, entre otros.

Para más información escriba a :
pasadizo2006@yahoo.com
Diseños de la portada: Juan Antonio Alberty
Fotografía: Iván Matos
Al cuidado de la edición: Emilio Soto

viernes 13 de abril de 2007

Historias marginales: otros rostros de Jano (CePA, 2007)


Sobre Historias marginales de Mario R. Cancel


Un libro puede engendrar múltiples lecturas, de acuerdo al imaginario que uno trae en cada momento que se acerca a él. En el texto de ensayos que hoy presentamos titulado Historias marginales: otros rostros de Jano de Mario R. Cancel reviví a través de su lectura varios momentos fantásticos de la cátedra que el profesor Cancel impartió en este Departamento de Humanidades hace varios años atrás. En aquella época los temas discutidos en el libro eran una cosa, hoy después de haber leído el texto con otra mentalidad mi supuesto sobre la obra es otra.

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El libro se compone de ocho ensayos que visitan y reflexionan el imaginario de la modernidad y la nacionalidad puertorriqueña entre 1880 y 1910. El título general del texto fue bien pensado porque hace alusión a la capacidad del autor de plantear las voces alternativas de la historia mirando e interpretando críticamente el pasado sin nunca dejar de observar el futuro con cautela.

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En el primer ensayo titulado: “Historiografía puertorriqueña hoy: una meditación y una crítica”, Cancel atina bien lo anterior en un trabajo sobre historiografía puertorriqueña donde reafirma lo importante de examinar y reinterpretar las relaciones entre las teorías y la historia e insiste en investigar, analizar y narrar historia crítica; porque a fin de cuentas esta disciplina se compone de investigar y nutre a la historiografía porque esa interpretación será objeto de otra interpretación. Mario invita a pensar y criticar el pasado, los documentos y al propio historiador, debido a que alrededor de los tres giran las dudas históricas. Creo, a igual que el historiador puertorriqueño Francisco Moscoso, que la historia que complace tiende trampas y hay que aprender a desconfiar de la explicación demasiado simétrica, demasiado estética. Y creo también que hay que cuestionar el planteamiento de la dificultad por la dificultad.

En este ensayo sobre la historiografía puertorriqueña se incita a los novísimos historiadores a examinar los temas de la historia y a no esconderlo ante la mirada del otro porque un tema se puede ver desde diferentes enfoques y metodologías. Invita también a examinar el pasado de modo contingente y causal y a cuestionar el documento porque como él mismo señala, hay que “reconocer que no hay archivo inocente lo que implica aceptar que tampoco hay fuente pura” (p.50). Concuerdo con el autor cuando concluye que los novísimos historiadores deben evitar la confianza excesiva en sus propias conclusiones y más aún de hacer del curso de historiografía puertorriqueña uno obligado en los currículos de historia. Es decir siempre por ahí debe estar la crítica histórica.

En los otros ensayos nos muestra un continente sin explorar de posibilidades historiográficas. Lo que al autor le interesa documentar es ciertas apreciaciones sobre la construcción de la nacionalidad y sobre las transiciones a la modernidad puertorriqueña con las que se ha intentado formar el imaginario puertorriqueño. Enfatiza en sus ensayos el punto culminante en la historia puertorriqueña del año 1898 donde se da una ruptura entre un pasado y un supuesto futuro de progreso. A través de la reiteración de sus advertencias, Mario ha logrado lo que pocos han conseguido, o sea detener, sin acceso al freno, una motora que él no conducía. Es más bien el historiador que recupera para nosotros, a través de su detallado análisis las repetidas reconvenciones a un proyecto de modernización.


Prof. Carlos Mendoza-Acevedo (UPR de Aguadilla)