domingo 28 de octubre de 2007

Mario R. Cancel: De narrativa, escritores y una nueva geografía


Sobre Literatura y narrativa: la escritura entre siglos (Pasadizo, 2007)

Todo transcurre en esa brasa que la investigación literaria brinda con silencio, pero a su vez contumaz en su recorrido por los nombres, los climas palpitantes, la historia, el desvelo que nos da el descubrimiento. Cada autor echado a la vida por los ojos del lector, adquiere un soplo de viaje, de mensaje, o melodía sorpresiva. Las palabras siempre sorprenden, no tenemos memoria de cuáles terminan sucediéndose en una sola imagen, o de cuáles siguen naciendo una y otra vez en el tintero y su ciudad de signos, de negrísimos mosaicos terminados con luz. Un negro sobre blanco de asombro, de libertad en primera fila, de ruptura. Tintero inagotable, búsqueda por la creación y hacia la creación.


Allí el silencio tiene una diferencia que lo empuja a la magia; el historiador, ensayista y poeta, comienza a precisar la geografía que bajo la novedad brota de su contorno. Se escriben tramas, afluencias, ecos que sirven para escribir otros parajes donde, el escritor expuesto, habla de sus dominios, de sus lecturas en otras rúbricas, de otras miradas. El escritor expuesto, es un gran histrión dispuesto a desbocar el mejor escenario de sus palabras, entonces, la literatura camina iluminada en su grandeza.

Es un pálpito definitivo para Mario Cancel. Escribir sobre una literatura entre siglos, con rumbo robusto y noble, con innumerables fugas de expresión y, con búsqueda, es más que el aliento de investigar y escribir y asignarle nombre a la vendimia de escritores que nos sorprenden y marchan a la vanguardia. Esto hace pertinente su libro Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos de la joven Editorial Pasadizo. Entre siglos, ¿un viaje, un kilómetro donde avanzamos en un comienzo y nos descubre una edad desconocida para la escritura?

Todo comienza en el año 1985 durante un congreso de escritores celebrado en la UPR de Aguadilla. Todo comienza en un preclaro debate sobre la nueva escritura en Puerto Rico. La generación del 80 ascendía en un nuevo orden de temas y poesía, se planteaba nuevos ritmos a la expresión. Fueron las preguntas un límite volcado, sí, un descubrimiento sobre quiénes escriben y qué escriben, y qué buscan. En ese año 1985 la globalización abrió sus puertas para el mundo, quedando en el recuerdo el orden socialista y la guerra fría donde crecimos todos. Se comenzó a hablar en una pluralidad triunfante, soberana, dueña de su época y, de las próximas épocas.

Lo importante, nos señala Mario Cancel, historiador, ensayista y poeta, es que para comprender la literatura puertorriqueña tenemos que apropiarnos de un lenguaje distinto. Ocurre la metamorfosis esperada desde ese nuevo equilibrio mundial y Puerto Rico en sus letras no queda exento. No se difuminan los diálogos con los escritores del 60 y 70, diálogo que aún sigue fluyente y vivo. El incidente luminoso consiste en que el escritor, desde esa transición de los cambiantes ochentas, se plantea el mismo tema de maneras distintas, con una entrada a la posmodernidad; ocurre la continuidad y la discontinuidad. Este libro, revelador de tantos hitos, su autor lo ha definido como unos meros apuntes para una historia futura, y a su vez busca estimular la discusión sobre el discurso narrativo puertorriqueño de inicios del siglo 21 desde las afueras de la academia.

Nuestra literatura actual se nutre de la tecnología, la mediática, el performance y también de la música. Un poema puede salir libremente de su entramado clásico, ponerse maquillaje, menguar el blanco del papel donde fue escrito, adquirir voz propia, sonora y flameante, y ondular en un escenario, quedando grande en la mirada del espectador. Los poemas se leen con aroma de teatro. Los poemas son un teatro de segundos intensos, donde magia y exorcismo hacen una pira de novedad e ingenio. Mario Cancel, lo confirma como un evento más de los tiempos, necesario, importante, original.

En cuanto a los narradores, han ocurrido cambios desde lo minimalista hasta lo más abarcador. Nuestros narradores actuales escriben siempre en un proceso de revisión con disciplina y brillantez. Siempre quedan como alero a la expresión la identidad nacional, el país, la irresoluta condición política, pero otros temas van insuflándose, impartiendo un rigor también atractivo. Hay desconfianza en los proyectos sociales, en las instituciones que se sostienen con principios y normas. El tema social abunda, la sociedad abunda con una máscara gastada entre la fatiga y el silencio y nuestros narradores hacen el trabajo de denunciarlo. El lenguaje es diferente, nos dice Mario Cancel, pero intenso y pertinaz; la actitud cambia, pero se queda indistinta la norma del mensaje. Los que escriben en el siglo 21 son habitantes de la blogosfera, donde el destello tiene su propio idioma e imagen. Que la bitácora sea geografía de provocación e intento con la mejor palabra, enriquece nuestra literatura. Que esa bitácora expuesta donde la fotografía, la pintura, el dibujo en cielo raso, el conmovedor grafitti, dulce o irreverente se enrede a gusto con la letra sometida a una voz aún sin conocerse, impregna novedad al debate, intensidad a las ideas.
Preguntamos, sobre la vida y forma de la novela como género en Puerto Rico. Mario Cancel asiente que con la novela ocurren unas fluctuaciones interesantes que podemos destacar. Nos dice que la novela exige un rigor mayor en cuanto a tiempo y dedicación. La gran mayoría de nuestros autores divide su cotidianidad entre la vida laboral, la personal, y otros incidentes que mueven a la distracción.

El país no ha madurado mucho como para crearse un verdadero auge en cuanto a la publicación de novelas se refiere. Novelas, se publican. Cierto. Existe el deseo, cierto. El intento provoca la propuesta, muy cierto. Sin embargo, aún no hemos entrado en una atmósfera idónea para que salgan de la imprenta con más frecuencia. Otro detalle es que existe una presión sobre los narradores para que escriban novelas porque es un género que se vende bien, un detalle nefasto, porque la intención es meramente comercial y el escritor debe ser un ser completamente libre. De ese modo, si la novela habita el cauce de las letras, que sea bajo viento natural, que sea el escritor el dueño de su pauta bajo toda influencia y causa.

Idealismo, el escritor debe tener siempre una gran dosis de idealismo. Debe atreverse a tener una visión constante, imperturbable y si acaso, avasalladora. Mario Cancel, nos dice que esa actitud brindará muchos horizontes para con nuestros escritores contemporáneos; afortunadamente, contamos con autores que ya caminan por ese paralelo en una novela de excelencia. Sobresalen los nombres de Eduardo Lalo, Mara Negrón, Luis López Nieves, C.J. García, Rafael Franco, Marta Aponte Alsina y Francisco Font, entre otros nombres trascendentales.

Muy feliz con su próxima publicación Puerto Rico y su transformación en el tiempo, en colaboración con el historiador Héctor Feliciano Ramos, recoge la producción literaria en Puerto Rico hasta el año 2000 y bajo la rúbrica de Editorial Cordillera-Plaza Mayor. Este libro incluirá multimedia y propiciará la discusión y análisis de muchos sectores que es la intención de Mario Cancel. Deja claro que en cuanto al debate literario debe existir el deseo de ponernos a dialogar, democráticamente, sin inventario de razones, la de aquel, la mía, la nuestra, sino la de todos. Cada perspectiva expuesta tiene una causa, un peso y una contribución.

Así en nuestra literatura Mario Cancel cree en esa libertad de creación donde a veces se pierde el atisbo más contundente que un escritor debe tener en el trópico activo bajo su mirada: Una nueva geografía.

Por Marioantonio Rosa, poeta
Publicado originalmente en Claridad-En Rojo

Luis López Nieves Una presentación sin título


Luis López Nieves nació en 1950. Es doctor en Literatura Comparada de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, título que obtuvo en 1980. Como buena parte de los episodios de su vida, aquel se constituyó en un emblema. Luis fue el primer candidato en entregar una novela como tesis doctoral. Se trataba de La felicidad excesiva de Alejandro Príncipe, inédito al día de hoy. Se trata de un precedente de singular importancia para comprender su carrera literaria.

En 1980 convergían en su personalidad una variedad de tradiciones. Desde el niño genio al bohemio aventurero del Greenwich Village, la distancia fue corta. Dos procesos modelaron al escritor y sintetizaron la peculiar vida pícara del joven Luis. A principios de la década del 1970 había participado de los talleres de creación de René Marqués y Pedro Juan Soto, dos maestros acrimoniosos asociados a la Generación del 1950. Por otro lado, el joven mantuvo un intenso contacto con el periodismo y el activismo político en el momento de giro sociocultural más importante de todo el siglo 20. La revolución de los medios y la crisis general del 1970, interpretaría un historiador cultural, fueron apropiadas de modo original por este escritor. Con el texto “Ese maldito hielo” debuta como narrador en Claridad en 1973. Su contacto en México con José Luis González en 1974 lo marcará de manera decisiva.

De allí a esta parte Luis ha sido profesor de estudios hispánicos, de ética, de comunicaciones y escritura para los medios y de escritura creativa. La tarea docente ha sido combinada con el trabajo de traductor, editor de libros para hispanos y de revistas como Cupey y Talleres. Luis también ha sido guionista, comentarista literario en televisión y sobre todo, un comprometido animador de la tradición de los talleres de narrativa. Todo ello lo divorció de la noción tradicional del literato que la intelectualidad heredó de la Generación del 1930.

El significado de Luis para un sector de los escritores más recientes tiene mucha relación con ese hecho. Luis no es un hispanista en el sentido estricto de la palabra. Es un universalista en el sentido europeo e ilustrado del término. Su afición por la historia y por la genealogía, la constante afirmación del valor de la lectura de los clásicos, y su mirada del trabajo creativo como una disciplina, ofrecen una pista interesante sobre su labor. Entiendo a Luis como un escritor para la praxis, para quien la obra escrita o el texto es un monumento. El cuento o la novela son el producto de un trabajo escrupuloso rayano en la compulsión. La minuciosidad es un asunto que compete a la perfección formal de la obra. Pero también está relacionada con la imaginación de intrigas absorbentes y relatos redondos en donde nada esté de más ni de menos. Eso fue lo que Seymour Menton designó como perfección en El corazón de Voltaire en una conversación pública el pasado año.

Cuando en 1995 Luis creó el portal electrónico Ciudad Seva y su biblioteca digital, estableció otra pauta que se ha impuesto en la escritura reciente: la literatura penetró la virtualidad y viceversa.. Por si eso fuera poco, en el 2000 fundó una Maestría en Redacción para los Medios en la Universidad del Sagrado Corazón. Y en 2004 culminó un sueño inventando una Maestría en Creación Literaria para la misma institución. En ambos casos se trataba de proyectos inéditos y originales. Su nombramiento como Escritor Residente de la Universidad del Sagrado Corazón, es un reconocimiento de la labor cumplida.

La revolución de la escritura que se manufacturó en el país a mediados de la década del 1980, tiene en Luis una piedra angular. La narrativa del 1970 caminó hacia la frontera del anticlasiscismo por medio del juego con una variedad de sociolectos populares. Un rasgo dominante de aquella escritura fue la parodia y la carnavalización de un presente de crisis por medio de la agresión althusseriana a los medios masivos de comunicación en el momento de maduración de la era de la información. El espíritu paródico dependió de la confianza de los escritores en la posibilidad de recuperar una historia verdadera que suponían robada a la nación y desvirtuada por el capitalismo y el mundo mediático.

Luis trabajó el problema de un modo distinto. El recurso a la “historia trocada” o la “ucronía” no fue menos paródico, pero la recuperación de una historia verdadera perdió parte de su atractivo. Bastaba con una historia falsa que sustituyera la otra. El ejercicio le puso en la frontera de la narrativa histórica y la ficcionalización pasatista. Si hubiese un subgénero contrapuesto a la ciencia ficción futurista, algunas narraciones de Luis serían el mejor modelo.

El conjunto de su obra puede servir de índice para comprender el vuelco que ha dada la narrativa nacional en los últimos 26 años. El cuento Seva, aparecido en Claridad en 1983 y en forma de libro en 1984, jugó con la performatividad metodológica y discursiva de los historiadores modernos. La revisión irónica de la tristemente trágica fisura del 1898 fue un acto genial que confundió y molestó a mucha gente.

Escribir para Rafa, publicado en 1987 fue, por mucho su colección más arraigada en la tradición discursiva de la generación del 1970. Igual que “El telefónico” puede ser leído como una curiosa parodia de la incomunicación en la postmodernidad; “Las confesiones de Miñi” elaboraba una serie de ficciones identitarias cimentadas en las poderosas imágenes de la economía de mercado en la frontera del hiperconsumo.

La verdadera muerte de Juan Ponce de León (2000) le consagró como narrador de ucronías. La mirada elaborada sobre ciertos momentos y conflictos emblemáticos del siglo 16, uno de los monumentos de la identidad nacional, domina la colección. El libro también puede leerse como un comentario de las tensiones entre la Iglesia y el Estado, o como una diatriba directa contra el Obispo Agustino Diego de Salamanca (1577-1587). El relato “El conde de Ovando,” que le ganó el primer Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña es el mejor modelo de ello. El clásico “La verdadera muerte de Juan Ponce de León,” por otro lado, es un texto mediador en el debate epistolar que sostuvieron Alejandro Tapia y Rivera y Ramón E. Betances en torno al indigenismo decimonónico en la década de 1850. Luis estudió en un colegio católico y la imagen que queda en esta colección de esa institución que pulula entre la civilización y la barbarie, es devastadora.

Por fin, El corazón de Voltaire (2005), publicado por editorial Norma en su colección “Literatura o Muerte,” representa su debut público como novelista. La promesa de una novela titulada Recordante la memoria nunca se cumplió. La estructura de El corazón de Voltaire ya estaba prefigurada en textos como Seva, “El suplicio caribeño de Fray Juan de Bordón” y en el relato epistolar “Escribir para Rafa.” El recurso a la sincronía y la combinación de la progresión y la regresión en “El Conde de Ovando” también pueden ser un taller para comprender la complejidad de trabajo más reciente. Una lectura sociológica de esta novela deja al lector con el sabor de que es una apuesta por la fragilidad de los símbolos nacionales y recuerda algún comentario del pensador francés Ernest Renan quien sostenía que el olvido y el engaño también es un componente de la nacionalidad. La novela recibió otro Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña.

La difusión internacional de la obra de Luis augura una nueva situación para la literatura puertorriqueña en la era global. Al menos eso espero. Sus textos han sido incluidos en Cuentos para ahuyentar el turismo de Vitalina Alfonso y Emilio Jorge Rodríguez, 1991; en El muro y la intemperie de Julio Ortega, en 1989; en El cuento hispanoamericano en el siglo XX preparada por Fernando Burgos en 1997; y en El cuento hispanoamericano de Seymour Menton en el 2003. La traducción de sus obras al neerlandés, alemán, inglés, islandés, italiano y francés, garantizan su consolidación como la voz literaria más importante del país en la era global.

Una postdata que no voy a leer en público

La posdata tiene que ver con mi encuentro personal con Luis. la primera memoria tiene que ver con el encuentro simbólico. El viernes 23 de diciembre de 1983 en horas de la noche leí la versión periodística de Seva en Claridad. Yo era un estudiante de historia expulsado a perpetuidad del sistema universitario tras la violenta huelga de 1981. El escándalo que produjo el cuento me conmovió mucho. Su socio en el affaire Seva, Luis Fernando Coss, había sido un compañero de armas en la resistencia estudiantil. Durante mucho tiempo guardé aquella versión que había anotado hasta que se perdió en algún rincón de la vida bohemia que llevaba por aquel entonces.

Cuando regresé a la universidad en agosto de 1985, un catedrático de historia lanzó una diatriba en torno a aquel relato y a la peligrosidad que aquel juego desacralizador imponía. De un modo u otro, aquel fue el encuentro contencioso. Entonces volví a leer Seva y, como diría dios en el caos, vi que era bueno. Cerca de la navidad de aquel año 1985 leí y anoté “El lado oscuro de la luna” que Luis publicó en la revista Cupey de enero a junio de 1984 que por aquel entonces era dirigida por Emilio Díaz Valcárcel. Tengo la edición dedicada por el Maestro Emilio con quien siempre quise cruzar unas cuantas palabras. El encuentro se convirtió en trasiego de signos dispersos. No conocía personalmente a Luis. Mucho después de eso vi a Luis otra vez en el año 2000 cuando presente la antología El límite volcado de poesía que preparé con Alberto Martínez-Márquez.

El tiempo no pasa en vano. De la crisis del 1980 al siglo 21 muchas cosas cambiaron. Un encuentro casual en la Universidad del Sagrado Corazón en el 2002 nos puso en contacto otra vez. Luis tuvo la sensibilidad de invitarme a hablar de narrativa en la Escuela Graduada de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Se trataba de otra pauta original, emblemática y riesgosa, como todas las de su vida, que significó para mí significó la consecución de una meta.

Desde entonces he aprendido que, en Luis, el escritor y el ser humano no se compiten ni se cancelan mutuamente. Conviven con la fragilidad y la tensión con que coexisten todas las identidades frágiles del presente. Eso son buenas noticias, sin duda. Son buenas noticias…

Mario R. Cancel
Hormigueros-Mayagüez, 16-18 de octubre de 2004

martes 9 de octubre de 2007

Una reflexión sobre la escritura


Mirándome al espejo…

Mario R. Cancel
Escritor

Una de las cosas que aprendí primero fue que la lectura y la escritura eran hermanas germanas. Eso no fue todo. Se trataba de dos perversas siamesas que me acechaban mientras tocaban un organillo, como las que ayudaban a robar los sueños de los niños en un filme de Jeunet y Caro. Estaban pegadas por un nódulo que salía de sus cabezas. Yo tendría 14 años.

Estaba leyendo un libro de Neruda mucho antes de que el poeta comprara la Isla Negra. Mi madre me lo regaló después de un largo viaje a una librería en la ciudad. Semanas antes había chocado con Ortega y me encontraba en una disyuntiva. Pero ser masa o superhombre no era una preocupación pertinente para la edad.

Por entonces se suponía que corriera bicicleta y estuviese a la vela de las piernas flacas de una vecina o de una escolar. Pero las niñas preferían al Ganster, que estudiaba conmigo. Resultaba menos aburrido que yo. Por esos días emergieron las hermanas y, entre las dos me robaron los sueños. Mirándome al espejo descubrí que no era más que un nerd y la situación me gustó.


***
Las dos chicas inicuas me poseyeron cada vez que quisieron. Desde entonces las sentía moviéndose por mi cuerpo. En ciertos momentos el placer era inmenso. Se agarraban de las falanges, se introducían debajo de las uñas o tomaban por asalto las yemas de los dedos. El lápiz o la tecla eran sus víctimas. Me nublaban el iris para que viese mal la realidad o pinchaban con sus largas garras mis ondas cerebrales y me arrancaban del cosmos.


La imagen deformada del mundo me agradó. Verlo tal cual decían que era resultaba aburrido. Era como vivir con un apuntador en un gran teatro donde todos los parlamentos estaban preescritos sin que nadie te dijera porqué. Mis dos ciegos apéndices no convenían con aquella perspectiva. Me agradó la irresolución y las pocas garantías de todo aquello. Mirándome al espejo descubrí que me habían convertido en algo así como un anarquista y la situación me gustó.


***

Tengo 47 años y las dos infames mancebas siguen allí. No quiero que se vayan. Nunca lo quise. Me agrada como se manosean y me manosean. Me gusta como bisbisean cosas impúdicas cuando me siento ante el teclado o juego con los gatos. Nietzsche, el joven, retoza alevoso sobre un libro y Tao, el viejo, ya me ha enseñado a contemplar y meditar el mundo. También supe de la violencia y guardo mucha de ella en el archivo de la memoria por si acaso hace falta.

Dos hermanas germanas: lectura y escritura. Un gato que juega y otro que medita. Mirándome al espejo descubrí que me había convertido en un escritor y no me desagrada. Con ese pequeño ejército confronto cada cosa. Las dos lascivas chicas me lo han hecho saber.

El escritor es un intérprete, un esquivo ser que teoriza. Ante el fin de los sueños, inventa una frágil estructura en la que habita. Esa fragilidad es todo lo que posee. Las siamesas me lo han dicho mientras ríen de manera libidinosa porque saben que no tengo remedio. Mis dos gatos duermen. Nunca aprendí a correr bicicleta.